Un equipo de investigación conformado por las universidades de Jaén, Málaga y Granada, la Fundación Medina de Granada, el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Cardiovasculares ha llevado a cabo un estudio que ha identificado dos moléculas clave en la formación del epicardio, una capa fundamental que recubre el corazón durante su desarrollo embrionario.
En este estudio, se ha descubierto que dos microARNs, denominados miR-495 y let-7c, juegan un papel crucial en el proceso. Estos microARNs permiten que las células del epicardio se muevan y se transformen en los tipos celulares adecuados. Además, se ha observado que estos microARNs están regulados por una proteína llamada Foxf1, que actúa como un «director de orquesta» coordinando la actividad de otros genes y microARNs.
Estos hallazgos abren nuevas puertas a la comprensión de cómo se desarrollan malformaciones cardíacas congénitas, ya que demuestran que el corazón se forma no solo a través de genes que codifican proteínas, sino también mediante un delicado diálogo entre moléculas pequeñas que regulan cada decisión celular.
El estudio, que se centró en modelos de ratón en una etapa temprana del desarrollo embrionario, sugiere que las redes reguladoras descubiertas podrían ser similares en humanos. Esto plantea la posibilidad de futuras investigaciones sobre cómo los defectos en estos microARNs o en la proteína Foxf1 podrían estar relacionados con malformaciones cardiacas en humanos.
Los investigadores combinaron biología molecular, análisis bioinformático y experimentación en modelos celulares para revelar estos mecanismos antes desconocidos. A través de la comparación de distintas fases del desarrollo embrionario en ratones, lograron identificar cómo los microARNs miR-495 y let-7c controlan el movimiento de las células del epicardio y regulan a otros microARNs.
En el futuro, se espera profundizar en el estudio de cómo otros microARNs y proteínas se coordinan en este proceso, y si esta red de control también opera en el corazón humano. Esta investigación, financiada por la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía y el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, podría allanar el camino para el desarrollo de terapias de medicina regenerativa, como la reparación de corazones dañados tras un infarto.
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